EL HOMBRE ELEFANTE (The Elephant Man, 1980)

 


Se acerca el momento más temido, dentro de poco no podré aguantar más y tendré que ver Mullholand Drive (Lynch, 2001), la única película que no he visto aún del genio de Montana. El Hombre Elefante era la otra inédita, y he de decir que me ha maravillado encontrarme con un Lynch primigenio pero en el que ya se atisba esa tortuosa mente que pariría poco después todas esas maravillosas historias que nos ha legado.

Allá por 1979 nuestro querido director americano estaba en la ola de la cresta "indie" tras el éxito de su Cabeza Borradora (1977), una maravillosa locura que había roto con todo lo establecido hasta la fecha y que era la comidilla en los estudios de Hollywood. El por entonces poderoso Mel Brooks tenía los derechos de la historia de Joseph Merrick, un joven británico que nació en 1862 y que desarrolló unas tremendas malformaciones debido al síndrome de Proteus, un defecto genético muy raro que provoca el crecimiento incontrolado de partes del cuerpo.

Brooks fue convencido para enseñarle el guion a Lynch, que quedó hechizado al instante por la fuerza de la historia, y se apuntó para contar a su manera la conmovedora historia. Rodada en Inglaterra, en un pequeño estudio en el barrio de Wembley y en un hospital medio abandonado de Londres con reminiscencias de la época victoriana, desde el principio Lynch tuvo claro que quería rodarla en blanco y negro para remarcar la crudeza de la época, con luces de gas y fuertes contrastes. Inicialmente pensaron en Dustin Hoffman para encarnar al pobre Merrick, pero finalmente el elegido fue John Hurt, recién acabado su gran papel en Alien (Ridley Scott, 1979).

John Hurt antes de ponerse el maquillaje...

El otro papel protagonista recayó en Anthony Hopkins, que da vida al doctor Frederick Treves, quien se apiada del pobre diablo y se encarga de llevarle al Royal London Hospital donde trabaja. Gran parte del mérito de esta gran película recae sin duda en ambos intérpretes, que consiguen entablar una deliciosa amistad que provoca más de un nudo en la garganta. Memorable el primer plano de Hopkins "fabricando" dos enormes lagrimones en la escena en que ve por primera vez a Merrick, sin duda un gran actor que se mete en sus papeles como nadie.

Esto no lo hace cualquiera...

Pero no todo fue de rositas en el rodaje, en la biografía de Lynch deja claro que tuvo sus buenos rifi-rafes con Hopkins, literalmente Hopkins acabó pidiendo a Brooks que "despidiera a ese cabronazo" mientras que Lynch afirma que solo se ha enfadado de verdad dos veces en toda su vida, y esta fue una de ellas, y que le soltó por la boca lo que no estaba escrito.

Salseos aparte, lo cierto es que la película funciona a las mil maravillas. Complementada con unos maravillosos actores curtidos como Anne Bancroft y John Gielgud, o el gran Freddie Jones a quien veremos unos años más tarde como "mentat" de Paul Atreides en Dune (1984), con las cejas más pobladas de la historia del cine (empatado con Ian McKellen como Gandalf por supuesto). David Lynch sabe contar la historia sin caer en sensiblerías ni convertir la película en algo lacrimógeno, una bonita historia directa al corazón, imprimiendo además su particular visión con escenas desasosegantes, planos y zooms con sonidos y zumbidos graves que son marca de la casa y con los que tanto disfrutaríamos luego en Twin Peaks, y una genial secuencia final que nos traslada al firmamento para despedir a nuestro protagonista. Qué genio.

El montaje inicial duraba más de tres horas, pero finalmente Lynch consiguió reducirlo a poco más de dos horas, y la película se estrenó a finales de 1980. En un pase preliminar para los actores y el equipo de rodaje, al que Lynch no quiso asistir por "estar demasiado nervioso por el resultado", el momentazo debió ser tremendo cuando se encontró a Hurt que le agarró por los hombros emocionado y le dijo que "estaba orgulloso de salir en esta película".

Obtuvo 8 nominaciones a los Oscar, aunque no ganó ninguna estatuilla finalmente, sirvió para lanzar definitivamente a David Lynch al estrellato de la dirección. A partir de esta película su nombre quedaría inmortalizado y le lloverían los proyectos (algunos con mejor fortuna que otros), que acabaría convirtiendo en esas maravillosas películas y series que podemos disfrutar una y otra vez.

En conclusión, una película emotiva y conmovedora, que no dejan indiferente, y que a mucha gente le cambia la vida y te hace ver el mundo con otra perspectiva. ¿A qué esperas para unirte al club de fans del genio de Missoula?

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